Comienza la cuenta regresiva para uno de los momentos más esperados por los chicos
Falta apenas una semana. Los chicos ya empezaron la cuenta regresiva. En muchas casas las conversaciones ya giran alrededor de la misma pregunta:

«¿Qué vamos a hacer en las vacaciones?»
Y es inevitable. Ellos sueñan con dormir un rato más, dejar por unos días los cuadernos, jugar sin mirar el reloj y aprovechar ese tiempo que durante el año parece escaparse entre la escuela, las actividades y las obligaciones.
Para los grandes, en cambio, las vacaciones suelen venir acompañadas de otra preocupación: cómo organizar esos días, el trabajo, los horarios… y también el presupuesto.
Porque no siempre es posible viajar. Y está bien.
Las vacaciones no se miden en kilómetros
Muchas veces creemos que para regalarles unas lindas vacaciones a nuestros hijos hace falta salir de la ciudad, hacer cientos de kilómetros o gastar mucho dinero.
Pero si uno recuerda su propia infancia, probablemente descubra otra cosa. Los mejores recuerdos casi nunca tienen que ver con un hotel o un parque de diversiones.
Tienen que ver con las personas. Con un abuelo preparando el mate cocido, con una tarde jugando a la pelota, un paseo en bicicleta, una caminata, o una película todos juntos debajo de una manta mientras afuera hace frío.
Las vacaciones también pueden construirse desde esos pequeños momentos.

Hay mucho por descubrir cerca de casa
Durante el receso aparecen propuestas culturales, espectáculos infantiles, plazas, parques, bibliotecas, ferias y actividades organizadas por municipios e instituciones.
También están esos lugares que muchas veces vemos todos los días y nunca nos detenemos a disfrutar.
Salir a caminar, tomar unos mates, preparar un picnic, visitar un museo. Ir a una plaza diferente.
Hacer una tarde de juegos de mesa, cocinar con la abuela una receta.
Leer un cuento antes de dormir. Son planes sencillos, pero muchas veces son los que terminan quedando guardados para siempre en la memoria.

El celular puede esperar
Quizás estas vacaciones también sean una buena oportunidad para proponernos algo.
Apagar un rato las pantallas, dejar el teléfono sobre la mesa. Escuchar más, hablar más., reír más.
Los chicos no recordarán dentro de veinte años cuántos mensajes respondimos durante una tarde. Pero seguramente recordarán si estuvimos ahí para jugar una partida de cartas, salir en bicicleta con amigos o simplemente compartir una chocolatada caliente.
El invierno también invita a bajar un cambio
Vivimos con tanta velocidad que muchas veces olvidamos detenernos.
Las vacaciones de invierno pueden ser ese pequeño recreo que también necesitamos los adultos.
No para hacer más cosas, sino para hacerlas juntos. Porque crecer es inevitable.
Los chicos volverán a la escuela, cambiarán los juguetes por otras preocupaciones y las tardes compartidas serán cada vez menos frecuentes.
Por eso quizás este invierno nos esté regalando algo mucho más importante que dos semanas sin clases.
Nos está regalando tiempo. Y pocas cosas valen tanto como eso.
¡ A disfrutarlas en familia!









