Cruzar la entrada de La Perla no es entrar a un lugar más. No son solo paredes: es angustia, dolor y escalofríos estampados en lozas, pisos y paredes. Esos espacios fueron escenario del cautiverio, la tortura y el asesinato de cientos de personas, víctimas del terrorismo de Estado en un tiempo en el que pensar diferente o expresarse podía significar la muerte. De un Estado que debió impartir justicia, pero generó muerte.

Caminar por esos lugares es enfrentarse a una parte oscura de la historia, leer nombres, imaginar historias y hacerse preguntas que aún hoy siguen esperando respuestas. El dolor se siente en el aire y la experiencia conmueve profundamente.

Esa sensación toma otra dimensión cuando se participa de la marcha de las Abuelas, mujeres que desde hace décadas buscan a sus hijos y nietos desaparecidos. Su lucha incansable, su fortaleza y su perseverancia se transforman en un mensaje de amor, memoria y búsqueda de justicia. Cada paso que dan es un ejemplo de lucha y valentía, y su presencia genera una profunda emoción.

Lo ocurrido no debería haber sucedido, pero sucedió. Por eso la memoria es fundamental: para que la historia no se repita. La verdad es necesaria para reconstruir lo que falta y la justicia para que los responsables respondan por sus actos.

A 50 años de aquellos hechos, el mensaje sigue vigente y más fuerte que nunca: Nunca Más es Nunca Más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *